Teniendo en cuenta qué dicen, y, sobre todo, qué hacen los políticos que (mal)gobiernan nuestro mundo, habría que crear una nueva disciplina académica y enmarcarla, más que en la psicología, yo diría que en la psiquiatría, dado el evidente sesgo de peligrosa patología que muestran. Me hago eco de las palabras de Alex Rovira:
“…La historia de la Humanidad se ha repetido siempre, y esto que voy a decir es políticamente muy incorrecto. Estructuras muy patologizadas, básicamente psicópatas, es decir, desconectados de la emoción, ávidos de poder, de dominio; narcisistas, personas ávidas de un reflejo positivo, que no admiten el cuestionamiento, y paranoides, personas que necesitan tener un enemigo para dar sentido a su vida, han sometido a la Humanidad a progresivos conflictos, donde ha pagado la partida siempre la buena gente, la gente que está conectada a la emoción…”
(La entrevista completa, realizada en Barcelona recientemente y en compañía del Maestro de Vedanta advaita, Sesha, podemos verla en la Red; abajo facilito el link por si alguien está interesado. Sobra decir que recomiendo su visión, dado que se trata el tema de la “crisis” desde una óptica complementaria a la habitual.)
Bueno, pues bien. No hace falta ser un lince para darse cuenta, sin lugar a dudas, de que esa es nuestra triste realidad social, política y económica. La casta política que, muy posiblemente con “democráticos” y no tan democráticos engaños, se ha encumbrado en los puestos de decisión a lo largo y ancho del planeta y a lo largo y ancho de la historia, se encuentra, sobre todo actualmente, en una más que peligrosa situación de patología mental severa. Cuando se antepone el lucro y el beneficio económico a las más elementales necesidades del ser humano, cuando se padece de una sordera inexplicablemente crónica, cuando se sostienen y defienden a capa y espada instituciones, leyes y todo tipo de organizaciones claramente desfasadas o surrealistas, delirantes, a todas luces ineficaces, diría que en ocasiones incluso criminales, no queda otra opción que pensar que la especie humana se encuentra, efectivamente, en grave peligro, en manos de una pandilla de peligrosos desequilibrados mentales. Y si alguien que en estos momentos lee esto y piensa que exagero, yo le digo de entrada que en absoluto estoy exagerando, más bien me quedo corto. Y la explicación es bien sencilla: personas que provienen de una sociedad ya de por sí enferma, es lógico que empeoren de forma dramática cuando ascienden a los cielos olímpicos del poder y el dinero. Porque sería erróneo, incluso infantil o inmaduro, llegar a la conclusión de que “toda la culpa” la tienen quienes detentan el poder, cualquiera que éste sea, pues ya es de sobra conocido aquello tan elemental de “la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio”.
Un repasito para ayudar a recordar a las mentes perezosas, con tendencia a olvidar rápidamente, o a obviar lo obvio: guerras a lo largo y ancho del planeta, enmascaradas o no, cada vez más frecuentes e increíblemente asimiladas como inevitables, simple y descaradamente con la única finalidad del saqueo de recursos (Afganistán, Irak, Somalia, Congo, Libia, Sahara…, y en lista de espera, Irán, Venezuela… y vete tú a saber quién más dentro de muy poco). Sufrimiento, hambrunas, violencia sin límites… creo que está de más recordar las secuelas de cualquier guerra, por muy razonable que parezca o nos quieran convencer que parece. Y estas situaciones extremas ocurren en aquellos países que han tenido la desgracia de poseer en sus suelos algún recurso escaso o apetecible para las bestias que nunca están satisfechas, países que casi siempre, qué casualidad, no pertenecen al “primer” mundo, carecen de sociedades más estructuradas o de defensa. Esto en cuanto a los referidos países. Porque en lo que respecta a los países de la coalición que aglutina el actual imperio y satélites, la guerra actualmente es otra, más o menos sutil (cada vez menos), más “democrática” (cada vez menos), como corresponde al nivel de alta corrupción y de mentes retorcidas muy propias de animales racionales aunque aún reptantes. La guerra, más sibilina, consiste en el recorte de derechos y libertades, en el progresivo empobrecimiento de la clase media o el definitivo desplome de las más desfavorecidas, en la represión y criminalización de cualquier oposición por más razonable y justa que parezca, en la búsqueda y generación de la violencia para justificar la cada vez mayor violencia que aplica el sistema en orden al mantenimiento de no sé qué “orden” establecido, cuando yo lo único que veo a mi alrededor es desorden y barbarie, propias de un mundo pre-medieval sin leyes, sin las más elementales actitudes de respeto y dignidad que todo ser humano merece per se. Pero eso sí, todo recubierto de un repugnante barniz de estética y buenos modales, como corresponde a lo más selecto y civilizado. Faltaría más.
Y la pregunta del millón viene ahora. ¿Qué podemos hacer los que somos conscientes de esta realidad que se empeñan en imponernos por la fuerza como la única real, por más que coexistan mil y una realidades más en el planeta? Han habido a lo largo y ancho de la historia mil y una batallas para mejorar la única realidad que pretenden imponernos desde siempre los de siempre. Mil y una, algunas con más o menos aciertos, con más o menos suerte, casi siempre con una penosa herencia de violencia. Pero como lo que cambia es el collar y no el perro rabioso que lo lleva, volvemos una y otra vez a más de lo mismo. El sistema se reinventa, absorbe, recicla, reforma, y se vuelve en ese proceso más poderoso, más sutil, menos detectable. Disfrazado todo ello, eso sí, con cierto bienestar y progreso en los “afortunados” países del civilizado primer mundo, no tanto en el resto, los despojados, que sigue siendo la inmensa mayoría.
La próxima batalla, que estoy absolutamente convencido que será la final y definitiva, el fin de esta pesadilla aparentemente interminable, pasa por una nueva revolución. Y digo “nueva” en el más estricto sentido de la palabra. Nueva, porque, esta R-EVOLUCIÓN de la que hablo, nunca antes ha sucedido. Porque no está estrictamente localizada en una determinada región o país sino que es global, y al mismo tiempo, individual (repito aquello de “la viga en el ojo propio”). Que no consiste en una mera reforma o maquillaje que sólo sirve para que los perros rabiosos se reacomoden y reinventen su pestilente sistema. Y sobre todas las cosas, que PROVIENE DEL INTERIOR de nosotros mismos, de nuestra parte más luminosa, de nuestra ahora limitada consciencia, y con la más que urgente necesidad de ser conectada a la Consciencia universal. Mucho me temo que mientras esta circunstancia no se dé plenamente, seguiremos dando palos de ciego indefinidamente. Y hasta ahora la Humanidad en su conjunto parece habérselo podido permitir, pero ya no queda mucho tiempo.
Existen numerosos y esperanzadores estudios al respecto del tan cacareado “despertar de la consciencia”, los “nuevos tiempos”, la “era de Acuario” o como le queramos llamar. Desde la ya legendaria teoría del “mono cien”, descubierta por científicos japoneses hace ya varias décadas, hasta los más recientes “descubrimientos” estadísticos de que basta con que el 10% de una determinada población despierte a una determinada visión para que el resto se haga consciente y haga suya idéntica visión. Y que nadie se llame a engaño e intente utilizar esto de “la idéntica visión” como argumento en contra para defender sus ilegítimos y mezquinos intereses. Cuando digo “una única o idéntica visión” me estoy refiriendo exactamente a lo que considero una relación de mínimos, algo irrenunciable si de lo que estamos hablando es, simplemente, de DIGNIDAD. Dentro de la extraordinaria diversidad de formas de pensamiento, culturas y razas, existen unos mínimos que son o debieran ser absolutamente irrenunciables, desde cualquier punto de vista desde el que se esté mirando. En primer lugar, la libertad para elegir la forma de vida que estimamos necesaria para nuestro natural desarrollo como personas, sin que ello signifique en ningún caso el menoscabo de la libertad de los demás, lo cual es perfectamente posible cuando hay consciencia. Tal libertad no existe en estos momentos ni creo que haya existido aún, aunque eso sí, nos la venden en un bonito frasco y envuelta en sedas. Pero no existe dado que ya desde la cuna se nos programa la mente con la peste de la dualidad, en la que los opuestos se autoexcluyen y están siempre a la más mínima para desatar la más gloriosa de las guerras. Y a esto lo llaman educación. No puede llamarse educación un sistema que ya te destina desde el nacimiento a ser una tuerca o un tornillo del sistema que ellos han impuesto como única realidad válida, una visión jerarquizada del mundo en la que no se respeta el criterio propio sino que lo políticamente correcto es siempre delegar en alguien, no importa en quién, pero en alguien, normalmente por “encima”. En segundo lugar, tanto la vivienda, como la debida atención de la salud, el derecho a contribuir en la sociedad mediante el trabajo digno o la propia alimentación, deben ser derechos absolutamente garantizados. Es evidente que no es así para la totalidad, y cada vez menos. En tercer lugar, el derecho a elegir libremente el sistema de organización que queremos para agruparnos como sociedad, porque es que seguimos con la misma cantinela de siempre, la jerarquía de la pirámide como única alternativa posible, algo que se ha demostrado sobradamente como injusto e indigno de seres que se autocalifican como inteligentes.
Considero que todo esto que acabo de enumerar se puede calificar como “de mínimos”, repito, irrenunciable. Es a eso, y sólo a eso, a lo que me refiero cuando digo “visión única”. Y para acabar, insisto en la idea principal de este post, que no es otra que hacer hincapié de en dónde está realmente el “problema”: el mundo es un exacto reflejo de nuestro interior. Vivimos en una sociedad globalmente enferma, donde la rapiña y el saqueo del planeta, la constante violación de los más elementales derechos, la injusticia y la desigualdad no son ni mucho menos una excepción o casos aislados, sino la norma, un día sí y el otro también. Y una sociedad enferma sólo puede generar relaciones enfermas, o delegar en personas enfermas, porque es que no hay más dónde elegir, eso es de cajón. Es así de simple, y así de complejo, según se mire. Insisto, hasta ahora la Humanidad en su conjunto parece habérselo podido permitir de alguna u otra manera, y afortunadamente, aún estamos a tiempo de tomar las riendas y comenzar con el cambio desde abajo, desde nosotros mismos. Desafortunadamente, el tiempo se agota, y lo hace muy rápidamente.
Diálogo Sesha-Alex Rovira en Inspira-Consciencia, 9 Mayo 2010, Barcelona


